Plastilinas

"Por eso, deformar las cosas, las palabras, los rostros, me fascina y lo hago como quien sale a la calle con un revólver: *Entonces mataré a todo el mundo y me iré*"

viernes, 14 de mayo de 2010

π carajos

Cuando nos conocimos tenías el pelo desprolijo y olías a pibe que se junta en una esquina. Yo tenía el flequillo ladeado y una pollera corta. No te miré, dijiste. Que sí, que te miré, digo. Que eras el más adorable, mirabas al cielo, no sé qué mirabas. Ya fumabas esos Marlboro.
Después viene que yo escribía las dos sílabas de tu nombre. El cuaderno de matemática y tu nombre. Tu música, tus ídolos, tu nombre de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo. Bien maricona. Siempre maricona, llorona, cuántas cartas te escribí. Signo de admiración, y signo de pregunta.
No tengo idea, a esta altura perdí la noción. Soy joven. Lo abarcaste todo. Al menos lo más importante, y lo que no, te lo conté.
Todo ¿no?. A esta altura sabrás todo. Seguro, me sabés en lo más lindo, y lo más feo. Creo que si quisieras, podrías describirme perfectamente. Entera, cuerpo, alma, corazón, mente.
Y a ver, decime cuánto cambiamos. Yo niego con la cabeza, no estoy de acuerdo. A ver, ¿soy más ancha? ni siquiera me crecieron las tetas. Vos tenés la voz más grave, el pelo peinado. Y qué, seguís con esa parsimonia para explicar las cosas, seguís poniéndole pruebas a todo el mundo. Me pregunto qué querés que te demuestren. Siempre voy a estar con vos, y soy algo inteligente, por la dudas me tomás examen, acertijos, preguntas capciosas, comentarios inconclusos a ver si te entiendo, si sigo adivinando ( y sí, ¿ves?) . Revisás las repisas para ver si todo sigue en orden, vaya y pase. Aprendí a decir que no. También hice pelotudeces que de más pendeja no hacía. Especulé, eso no lo hacía. No pienso volver con eso.
No cambié nada, flaco. Flaco de mi vida, sigo soñando los mismos sinsentidos, bato café, cruzo la calle y quiero correr a abrazarte. Escribo, te escribo, me ponés igual que cuando hacía dibujitos en la hoja cuadriculada, duele un poco más ahora. Sigo teniendo ganas de llamarte al final del día y decirte: qué tal, hoy estuvo terrible. Siempre terrible!! Y te extraño tanto, hijo de puta.
Te extraño, tierno y guaso. Te quiero.
Iba a decirte, ¿sabés lo choto que es pensar en que nunca más te voy a dar un beso? Pienso en pegarte una piña en la cara. El sinfín me da vértigo, pero el fin me aplasta, me zapatea un malambo en el esternón. Y vos sos un número irracional.

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