Plastilinas

"Por eso, deformar las cosas, las palabras, los rostros, me fascina y lo hago como quien sale a la calle con un revólver: *Entonces mataré a todo el mundo y me iré*"

domingo, 29 de agosto de 2010

Promesas sobre el bidet


Me pregunto qué mierda me pasa en la cabeza cuando entiendo perfecto el mensaje, y actúo a la inversa.
¿Uyyyy para qué es este botón? . Pelotuda. Para volarte los sesos y volárselos a algún gil más.
Enter.

("Difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo")

viernes, 27 de agosto de 2010

Mejor con hielo

¿Qué mirabas? Te sobresalté.
Mirabas las pestañas. Vos decís eso. Las pestañas.
Por qué, porque parecen cubiertas de brillantina.
Brillantina masculina.
Abajo nomás la nariz. Una peca en la nariz. Lo estabas mirando.
Mirabas cómo esa peca era parte de su cara y de su cuerpo.
Imaginas más pecas. Pecas en los hombros. Ahora mirás esos hombros vestidos, y te preguntás si debajo de la camisa habrá más pecas. Si estarán adornados esos hombros, que cómo será eso de tomarlo por los hombros.
Tomarlo o beberlo. Ahora pensás en beberlo, ya no mirás. Mirás adentro de tus párpados y ves las pecas, los hombros, la nuez de Adán, vello en el pecho. Pensás en beberlo ¿Con la boca? Claro.
Porque tenés sed.
Y porque sólo lo mirabas, y hay camisa, y tus párpados abiertos, pedís otro trago.

martes, 24 de agosto de 2010

Rayas


Siento como si me hubieran conectado un equipo de música a la médula espinal.
Como si de golpe algo se hubiera condensado en mi habitación.
Miro y veo otras paredes aunque sean las mismas.
Soy la nena epifanía. Una atrás de la otra.
Ayer le dije a la psicóloga "creo que estoy desbordada, para bien".
¿Cómo es eso? Me dijo.
Touché.
Es como si tuviera muchísimo para dar, y necesito darlo. Tal vez por eso escribo, tengo la necesidad. O porque no sé demostrar nada. Voy a mil por hora. Me siento potenciadísima. No sé si es que estoy muy llena o muy vacía.
Cerebro más rápido que mano.
Mano más rápida que cerebro. Un pianito de fondo. Hago un rayón de esquina a esquina con lapicera azul. Piano forte, forte, más forte.
Escribo en chino o japonés, y con dos caracteres, si querés, te cuento una historia.

domingo, 22 de agosto de 2010

Para llegar al otro lado

El cielo estaba crudo. Yo no diría gris, no me parecía ningún color. Simplemente crudo, colaborando con la dureza de los huesos.
Saqué las manos de los bolsillos. Las miré. Los tendones estirados transparentándose. Volví a guardarlas y con la derecha rocé las llaves. Las llaves heladas. Me dí cuenta de que tenía frío.
En ese momento dije qué hago acá. Por qué en esta plaza. Por qué a esta hora.
Caminé, me paré en el cordón. El semáforo en verde. Algo me empezó a impacientar y dí un paso, bajé a la calle, planeando no se qué trayectoria de circo para poder cruzar al otro lado. Un auto que doblaba, me quedé parada, pasó el auto y otro que venía derecho. Sentí un aire en el tobillo izquierdo. Caliente, caliente, más caliente. Seguía mirando para el otro lado. En cuando pudiera iba a cruzar, si era necesario, iba a correr.
Volví a sentir ese aire extraño en el tobillo y la cola de un auto empujándome contra la cadera. Giré la cabeza. Sí: un auto, mamita. Un auto. Ni siquiera pude pedirle perdón. Hice un ademán que quiso ser una seña de decir vaya uno a saber qué, y caminé como para cruzar. Me zamparon un bocinazo y no crucé nada.
Lo que es estar en cualquiera. Yéndome a no sabía dónde, con un frío imperceptible, casi des-sensibilizada. Hecha una pelotuda.

jueves, 19 de agosto de 2010

Un bollo

La tía Celia me encaja el plato de bollitos en la cara. Huele rico.
—No tengo hambre— hago una seña con la mano.
—Estás llena de amor— me dice la tía Celia.

Y una tiene que ser cortés. Llena de amor.
Una tiene que hacer como si nada. Como si estuviera tomando el té con la Afrodita, con Proserpina o con la mamá de Urano. Ignorar los ruleros, ignorar el saco con pelos de gato, ignorar que acabás de acordarte de que justamente ... no.


—Dame, dame. Que me como los bollitos

Sí, bien. Dulce. Una cocción justa. Pero no se compara.

lunes, 16 de agosto de 2010

Por mirar mis Rolling Stone

Ahora entiendo por qué no dormías. Ahora entiendo, mierdas. Al menos se me ocurre algo. Son las 4:24 AM, y no estoy durmiendo, cosa obvia.
La locura de la tijera. Léase, me senté en mi cama, me acerqué el revistero, y empecé a recortar. Recortaba y de paso le pegaba una ojeada a las revistas. Otro de mis errores: ojear revistas. Todo esto lo pensé mientras iba pasando las páginas, páginas grandes, y me daba cuenta de que de todas esas oraciones sólo había leído las que estaban en letra más grande.
La letra chica a veces me ahoga un poco a primera vista. Y como estamos en época de ahogo, bueno, leí. Estuve leyendo un rato hasta que me tenté y recorté otra imagen. Recorté una imagen de un cielo muy celeste, alguna nube casi transparente y un rayo de sol. Una imagen linda, me pareció, para ver todos los días aunque sea pegada en mi pared con cinta del papel.
Y de todo lo que leí algo me empezó a hacer mella. ¿Mella qué? Quiero decir que me causó impresión, me afectó. Quiero decir que me hizo mella, porque me parece una frase que suena. Así, una de las cosas que leí fue una nota a Syd Barret. Él estaba diciendo unas cuantas cosas y dijo que en ese momento le encontró explicación a cosas de la cotidianidad, que cuando uno está desocupado tiene más tiempo para dar explicaciones teóricas acerca de eso, por ejemplo.
Bueno más o menos digo que me resultó familiar respecto a mi tiempo libre, porque inconscientemente estoy analizando a fondo todo.
Ahora entiendo, decía. Conocí a un chico que trasnochaba todas las noches. Dormía poco y nada, lo hacía a la tarde o pocas horas al mediodía. Llegaba tarde al colegio, dormía en mi cama. Yo podía dormir ocho horas de noche, y dormir tranquilamente una siesta con él con el sol dándonos en la cara.
Resulta que creo que ese chico tenía sus inquietudes, de las buenas o de las malas. Escuchaba buena música, leía y bajaba muchas cosas por internet. Veía videos. Eso lo tengo grabado porque era algo que yo no entendía. Ver videos, esperar a que carguen.. no era lo mío. Los conciertos en vivo nunca me llamaron demasiado la atención. Sí, nene, yo, señorita amante de las versiones de estudio. Tiempo nada más que para eso. Él tomaba capuchino, mate con café y untaba galletitas con paté, a cualquier hora. Todo a cualquier hora. Eso era, una disponibilidad y un espíritu que me mataba, de no entenderlo, de decirle "no te conozco", "ajustá tu tiempo, ajustate al mundo" y tal vez "acostate conmigo", "durmamos", yo le pedía que durmiera: por favor dormite. Y yo abría los ojos, ahí estaba él, mirándome, escribiendo, garabateando algo. No se dormía. Yo tenía mi siesta inmunda, mis horarios, mis corpiños armados, mis no sé cuántos abdominales por día y mis 10 en todo. La porquería de la rutina, no niego que necesaria, tal vez mucho más sana que como vivo ahora. Lo que puedo sentir, con MUCHO gusto es un acercamiento a este fulano de mi vida que tenía estos comportamientos que tanto chocaban conmigo. Ahora que lo descubrí puedo disfrutar tranquila de mi insomnio, y si pudiera recortarlo a él con mi tijera para poder verlo todos los días, pegado con cinta en mi pared, lo haría. El privilegio de tenerlo al lado de Jim Morrison, y podrían ser mis dos amores platónicos.

viernes, 13 de agosto de 2010

Amazing powers

Esto es de la siguiente manera.
Estoy en casa, se fueron todos y quiero escribir algo. Me siento como esos magos que empiezan a sacar de adentro de la boca un pañuelo anudado. Un pañuelo larguísimo, sale a la fuerza, no sé. Tira tira raspando el estómago.
No me sale nada, no puedo escribir y eso me incomoda mucho, porque quiero escribir, me resulta más accesible que hablar (!!!) y encima ni puedo. Y tengo muchas cosas que escribir. El tema es la recurrencia. "Dale con Pernía" y de vuelta el mismo tema, aburro y me aburre un poco a mí también, aparte de envenenarme, de dejarme la cabeza licuada de cosas indigeribles. Porque ese es el tema, digerir, dejar pasar las cosas, ¿no?. Mucha agua necesito, mucho té. Mucho té necesito, mucho te necesito, te necesito mucho y cómo me gusta, eh, jugar con las palabras me encanta.
Es así, hacer la vista gorda. La vista obesa, e irte de re joda, de reee joda, que al otro día te aferrás de uñas al colchón y Disneylandia free pass. Total el día se pasa, sí. Primero era el día, jodido de sobrellevar, después te ocupaste la tarde, salís a correr, salís a andar en bici, llenaste el mp4 de conga. Algún Radiohead se te filtró en la lista, ese es otro tema. You are so fuckin' special y ponés stop, más vale. Y pasaste el día. Transpiraste un rato y te comiste el pasto de la plaza, yo qué sé. Después viene la noche, puro internet y mucho taringueo para llenarte el disco duro de arte, ponele, de arte, yo qué sé. Eso o salir un rato. Y tenés la noche cubierta (si no te acordaste de un numerito de teléfono y lo marcaste furtivamente en casa ajena, ojo, o te pintó el rin raje bajo la lluvia). Y a la mañana se duerme. Y solucionado el asunto. No, resulta que después tenés al inconsciente pasándote factura toda la noche y te despertás como "la mona". Qué mona, no sé. Pero como la mona. Un sueño espantoso.

En síntesis...

martes, 10 de agosto de 2010

Distancia de algarrobo

Entonces me inclino hacia adelante. La mesa parece larga, larguísima, no creo que nunca vuelva a tocarte ni con la punta de mi nariz. Pero qué lindo sos, me había olvidado. Ahora te veo a través de la copa, la hago girar y te veo. Te veo borroso. Borroso y lejos.

viernes, 6 de agosto de 2010

En hamaca

No puedo dormirme. Calor, mucho calor de golpe y los oídos zumbando.
-¿Me escuchás? ¿Estás dormida?- digo. Estiro el brazo, sin despegar la cara de la almohada. La almohada babosa y mi mano en el aire. No, está dormida, pienso. Vuelvo la mano a mi colchón. Está dormida, duerme. Está dormida. Dormite. Aprieto los ojos, así, cuando se empiezan a ver los puntitos de colores, y me duermo.
Frío. Una ventana sin cortinas. Un cuadrado de cielo gris y ¡cuánto frío! Agosto. Un viernes de agosto y me pesa algo en el cuello. Quiero dormir, pienso. Por favor, ponete oscuro. Ponete oscuro, y nada. Sentada en la cama y miro miro miro, revistas que ya ojeé, las pulseras que me saqué anoche, mis pelos revueltos en el espejo. Acá, yo, sobre la cama que ya no me sirve para dormir.
Quiero una hamaca paraguaya. En hamaca me siento. De sensación. En hamaca. Para un lado y para el otro moviéndose. Wakala. Wally dónde estás. Walkman. La música en no sé qué parte de mi cabeza y me levanto.
Remera, pullover, campera, pantalón, un par de medias y otro, zapatillas, bufanda y bolso. Unas escaleras que chirrían y la madera medio agujereada. Pienso en algo que se está quebrando. En una madera verde. Agüita helada en los ojos y salgo sin avisar.
Un paso en la calle y quiero llegar a casa. Otro paso y qué mal me siento. Más pasos y quiero llegar. La gente de oficina, y quiero llegar a casa. Me desvío pero quiero llegar a casa. Izquierda, derecha, izquierda. Manos de papel crepé, ojitos de china y un bocinazo. Quiero llegar a casa. Wally, ¿dónde estás?


jueves, 5 de agosto de 2010

Comparado

Y no es que te quiero sólo porque vos me sacaste la ropa.
Te quiero porque me sacaste el disfraz.

martes, 3 de agosto de 2010

Vitamina Jorgelina

Hoy dormí casi toda la tarde. Odio la fiebre. No son lindos mareos.
Muchos mareos para variar. Un poco mi salud me harta, digo, bueno media pila, nena te hacen falta vitaminas.
Nena, nena. Sigo escuchando tu nena y digo bueno , ¿sabés? las vitaminas que necesito las tenés vos¡!
Estoy escribiendo muy a lo "diario" en el blog, y estoy poniendo muchas citas, es que no puedo no sentirme identificada.
" Depresiones, confusiones ..¿Hasta cuándo seguirán esas canciones?"
Lo bueno es que no es que quiero cortarme las muñecas, me estoy cagando de risa de mi estado calamitoso de nena corazoncita.
No importa, vale el dolor de garanta, de espalda, de piernas, la mugre en el pelo, las uñas rotas y lo que sea con tal de salir de la conejera!!