Plastilinas

"Por eso, deformar las cosas, las palabras, los rostros, me fascina y lo hago como quien sale a la calle con un revólver: *Entonces mataré a todo el mundo y me iré*"

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un pedazo de "Georgina Requeni o la elegida"




"Georgina se suena la naríz, qué estúpida es. Tacha el último "siento" y escribe "quiero". "Quiero llegar alto, muy alto".
Caramba. Vuelve a leer esta última frase, está realmente impresionada. Desde hace dos horas viene intentando una de las tareas que más le aterran en el mundo: la limpieza de papeles. Tiene dieciocho años y dice que ordenar cajones es como limpiarse el alma. Su alma está llena de trastos insólitos, de retazos de historias, pero ella necesita rescatar sólo aquello que tiene que ver con el implacable destino que se ha trazado. Detesta ser sentimental; sabe que los elegidos son fríos y fuertes; ha leído mucho. "

Liliana Heker.


martes, 28 de septiembre de 2010

Lunéstica


Yo no soy una lunática, yo entiendo todo esto mío y lo satirizo. Qué jodido es decir por favor, perdón, te necesito, pegame una piña, bajame a tierra, subime otra vez, abrazame ahora.
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sábado, 25 de septiembre de 2010

Nada que ver, un poco

Improviso cualquier fruta antes de viajar porque es de buena suerte.
Mentira, no creo en eso ni en el horóscopo, pero mirá vos qué curioso, lo leo igual.
Acaba de advertirme que tenga cuidado con roces familiares, que tenga tacto y que no sea una forra. Peligro. En una hora voy a estar viajando con y hacia la familia !
Buenísimo ser de aries este fin de semana.
Igual mentira, me encanta ser de aries.
Ah qué post contradictorio.
Sí, creo que es de buena suerte escribir antes de viajar. La última vez me fue lindo y extraño a mis primitos, qué alegría volver a verlos.
No dormí otra vez en toda la noche, me siento enchufada, electrizada y limpia. Muy limpia, recién bañada. Fue un día atípico para empezar porque empezó al revés. Tengo la costumbre de empezar las cosas al revés y realmente no sé si funcione. Viste cuando sos la duda con patas o cosa así y nada más dejás que la ruta siga siga con sus luces, todo muy lindo. Que viajar me encanta en toda su expresión de viaje, viajecito, nubes que van, cosas que esperan, cosas que se llevan que nunca decido, no decido nada, un poco la ruta con sus rayitas en el asfalto y los arbolitos que dan sombra aún de noche deciden por mí, y eso es tan lindo, tan lindo. En lo más oscuro y sobre ruedas a velocidades que yo no controlo, me siento andar y lo disfruto mucho.
Qué pendejita, no decide nada. Tengo una fuerza magnética que sale más rápido que mi propia sinapsis. Y que me lleva a los lugares más lindos, sombra en la noche, velocidad máxima, lo que sea. Lugares más lindos.
Shut up and let me go.
Hey!
Chau, buen finde.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vera prima



A veces está bueno dar un paso al costado, o hacia atrás, hacia donde sea que te alejes un poquito o te vayas para otro lado. Las cosas majestuosas (no me gusta el adjetivo pero estoy bloqueadísima, pongámosle majestuosas) no se ven *bien* de cerca. Mirar un edificio desde la entrada, levantando la cabeza, nuca contra la espalda, me da vértigo, más vértigo desde abajo que si estuviera parada en el techo, eso sería miedo a caer. Y un poco vivo con el miedo a caer, otro poco con el vértigo. Es cuestión de dar unos pasos para mirar mejor. A veces es mejor acercarse, es cierto. Ciertas cosas tiene toda la esencia metida en poros chiquitos, y yo no te voy a mentir, a mí me encantan las pequeñas cosas. De hecho yo me pierdo en esas cosas, me vuelan el bonete. Pero bueno, la cuestión es darle otro encuadre. A lo que sea y como sea.
Quiero aprender a mirar sin sentir lo vertiginoso. O más bien, sí: disfrutándolo. Quiero aprender a mirar. Lo que se dice mirar, con ojos limpios, nada de lágrimas, ninguna basura.
Estoy dándole cincuentamil vueltas y lo que digo es un nudo. Lo que quiero decir es que siempre fui una mina emocionada de estas fechas tipo Bienvenida primavera, bienvenido amor, bienvenida tu vieja en tanga... todas esas cosas. La navidad me encanta, ponele. Me encanta todo eso de los fuegos artificiales, me encanta todo eso de desear felicidades. Y la primavera, como fecha cronológica, para mí es importante por una serie de hechos (!) afortunados, durante un tiempo. Ahora, nuca contra la espalda, basura en los ojos, todo eso, podría decir bueno la racha se termina, esto es así, y cerrar por melancolía, mandar un mail malcogido, alguna cosa por el estilo. Y por eso, está bueno abrir el espectro... a ver, nena, esa cabecita tuya.
Y en vez de todo eso de llorar y deshojar margaritas, porque el amor se fue y porque un poco me da alergia y porque esto, porque aquello, porque soy mina e inconscientemente me muevo en círculos y de tanto ya me mareé... en vez de todo eso, lo que quiero decir es: feliz primavera.
Con todo el significado y porque es lindo decirlo. Feliz primavera.
Y se terminó el invierno.
Se terminó, ¡por favor!

viernes, 17 de septiembre de 2010

No tiene nombre

Y vos quién sos.

Yo no tengo nombre.

Por qué.

Porque estoy afuera. De tu círculo.

De mi círculo.

También de mí. Pero puedo estar en vos.

Como humo en la cara.

Como burbuja de chicle explotando. Alientos nuevos.



domingo, 12 de septiembre de 2010

Ganas de llorar


De anatomía no sé más de lo que me dio el colegio y la experiencia.
Y qué vieja, hablando de experiencia.
Cosas que me pasaron. Yo tuve todas las eruptivas, tomé agua del río y casi me muero, yo me quebré un dedo, me vino, me caí de una escalera, me tiraron varias olas. Más, pero para recortarlo, eso en 18 años. También recuerdo cosas de cuerpos ajenos, lunares, granos en la nariz, pelo en la panza, ojos oscuros. La puta experiencia. De no sé qué, experiencia no me gusta. Vivir y vida, me parece, es parte de todo.
De anatomía no sé. Pero si las lágrimas vienen de algún lado, yo las siento desde la garganta, y vaya uno a saber cómo llegan al papel o a las mangas del abrigo. E interruptores tengo varios a lo largo de mi cuerpo. Un reflector gigante, como usina eléctrica, en el cráneo.
Lágrimas y electricidad. Chispas. Un cortocircuíto y quedo fuera de servicio.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Si tu viejo es zapatero...

(Ouch!)
Mamá, no sé cómo explicarte.

Siempre se me vienen a la cabeza frases como esa. Que cómo le explico a mamá esto o aquello, que cómo lo voy a explicar. Me la paso pensando en esas mierdas y tengo unas ganas fervorosas de pedir disculpas, de disimular tal o cual cosa.
Me hace acordar a la mañana de mi primera resaca, o al día en que mamá encontró una cajita de lata con cenizas, colillas de cigarrillos, y demás yuyos. Pienso en lo estúpida que me sentí por haber querido esconder de esa manera IMBÉCIL mis cosas, mi suciedad (oh terrible abyecta suciedad oh tan terrible), en por qué no lo tiré en el momento, en por qué carajos lo guardaba. La situación había sido que una tarde mi mamá buscaba unos papeles, yo tenía en una canasta de mi pieza varias cosas que no quería que ella viera, pero sabía que en esa canasta podía estar lo que ella buscaba. Entonces agarré a cuatro manos todo y lo tiré al fondo de un placard, lo cubrí de ropa (mirá vos qué pendejada) y me olvidé para siempre (muajajá). Un glorioso día llegué de no se dónde y encontré mi pieza hecha una pinturita. Muy ordenada, muy limpia, placares ordenados, etc. Me gustó verla así, acto seguido entré en pánico. Le agradecí a mi vieja por haberla ordenado. Sentí ganas de pedirle por favor que no volviera a hacerlo, me dio vergüenza ser tan pajera y no dije nada. Mamá sacó como de la galera la latita y me dijo: mirá lo que encontré!!, lo abrió y estaba LIMPIO, brillaba el metal y yo me sentí una cabeza de lata. No me dijo nada más, sabe, sabe, mi mamá sabe darme vueltita como un panqueque sin salpicar sangre.
Bueno recién estaba desvelada y me puse a leer mis diarios, cosas de hace tres, cuatro años, y me sentí casi tan avergonzada como ese día de los cigarillos y la mami. Y a la vez, digo, claro, todo tiene sentido... un sentido ridículo que me deja parada justito donde estoy hoy, con toda esa sangre que estalla y fluye como enjabonada por este laberinto mío.

domingo, 5 de septiembre de 2010

En otras venas


Apagás la luz. Esa luz incandescente que queda medio prendida, medio brillando.
Quedó medio brillando.
Mirás la luz, se hace chiquita e ilumina un humo dibujando algo. Ajustás la vista. Ojos del oriente.
Un humo como venas. Como las venas de un árbol o como las venas tuyas. Un árbol de humo, pensás que es irónico.
Sacás aritos de humo de tu boca. Te paraste y movés las caderas a un ritmo cualquiera, un ritmo que no existe.
"Así que pensás que podés distinguir el cielo del infierno, el cielo azul del dolor".
O algo así. Una música que podría prenderte como una bengala y volarte en cincuentamil pedazos y querés llenarte más y más de humo, de humo, de humo. Querés escupir fuego. Ojos de oriente, ya casi no ves la luz. Ves algo verde fluorescente que se hace cada vez más ténue y te preguntás si realmente está ahí desatenuándose o son tus ojos que fallan en la oscuridad de tu habitación. Nomás parada moviendo tus caderas. Aritos de humo. Vos ves la luz, y no distinguís nada más. Ahora ya cerrás los ojos y tirás la cabeza para atrás, sentís la punta de tu pelo sobre la cola, tu piel fresca y el pelo suave; te imaginás la misma habitación llena de árboles de savia. Pensás que es irónico. Escupís fuego y seguís sacando luz. Tenés los brazos a los lados de tu cuerpo, los pies sobre el suelo de parquet, las paredes apretándote, podrías bailar tan lindo al ritmo de la mismísima marcha fúnebre y hacerte cuatro fliflá con la reputísima marcha nupcial. Estás bien.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Cuadrados y ángulos

Casas enfiladas, casas enfiladas,
casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
ideas en fila
y ángulo en la espalda.
Yo misma he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.


Alfonsina Storni