Plastilinas

"Por eso, deformar las cosas, las palabras, los rostros, me fascina y lo hago como quien sale a la calle con un revólver: *Entonces mataré a todo el mundo y me iré*"

martes, 28 de diciembre de 2010

La nena en las margaritas y viceversa

Qué son esas energías. Una torre de paradojas. Somos... o qué. Como una torre de panqueques que nunca logré. Algo así. Hasta miel que chorrea. Por qué no, después de todo resulta un poco empalagoso sentir así. Si es la nada, blanca, vacía, es como un montón de helado de limón. Una acidez que no sé decirte, sube por el esófago a la mañana, cuando sale el sol y vuelvo a sentarme en la cama. No puedo dormir. Sabés. Que. No. Puedo. Estoy rebalsada de miedo a la oscuridad. Situarme en un lugar me es imposible. Después de todo, estamos girando, ¿no? Todo el tiempo. Decime si no. No creo poder precisar a que altura del mundo, del universo, ni de mi vida ni de las vidas (ni del tiempo) estamos. Parados en alguna parte. Un poco surfeando. Algo como una ola tirándome abajo. Viene salada. Nunca quiero abrir los ojos cuando estoy en el mar. Pero los abrí igual. La misma sal que me arrolla con la ola, la misma sal que sale tempranito cuando camino y escucho un tema que me desarma. Siempre quiero estar contenida. Como un pedacito de hielo. Mirá qué buena excusa decir que es el calor... que me derritió el equilibrio y la compostura. Que necesito ir más allá de mi cubetera. Por más que se esquive... No es lindo escribir y usar la palabra amor, cariño, orgasmo, angustia, lágrimas (nooooooooooo!!) . Es decir, no me gusta. Por qué pienso que siempre todo va por otro lado, no sé. Quiero que me lata el cerebro y no el corazón. La puta gata flora. Qué. Te jode la palabra puta. A mí me jode. Puta a cada paso, zigzag, no quiero nunca ser una histérica. Trato de ir por donde sí quiero ir. Y la curiosidad mata al gato. Gato. Sí. Por qué no.
Las palabras me importan mucho. Los detalles son casi una obsesión. Los detalles de las personas, de las cosas. Pero perderme en una persona suele ser, justamente, una perdición. Por eso me escapo mucho, de mí misma también. Por eso acelero y presto atención. Piropos de la construcción. El olor a comida. A nafta. La forma de caminar de un hombre viejo. Las clavas apoyadas en la esquina, el clown transpirando maquillaje de colores. Ojos que no miran cuando se conversa. Ojos que no sonríen con el resto de la cara. Y unos ojos de la paz. Ternura. Capacidad de asombro. Interés. Así te voy a querer, una mañana, al lado mío, si me da un ataque de helado de limón y necesito la sal de otro cuerpo o el puto aliento mañanero. Mientras tanto, un pájaro con la cresta anaranjada y pintitas verdes en el basural, esta mañana. No lo había visto nunca y me puso contenta.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Despacio, también

Cinco millones de maneras de medir la distancia. Piecitos, calles, árboles acostados, filas de caramelos.
Se me ocurrió pensar en techos. Cuántos techos de tu casa a la mía. Cuántos saltos tendría que dar para llegar a tu casa. Cuántas posibilidades de morir en el intento. O cuántos escalones serían. Cuánta la vibra necesaria. Cuántos faroles podrían salvarme, ramas firmes para ir trepando. Agujeros negros de casa en casa. Cuántas palabras tendría que decir hasta quedarme callada. Bien podrías decir una sóla y yo no diría más nada.
Cinco millones de maneras de sentirme chiquita y de querer un par de alas. Fuerza y a tocar el timbre.
Esta tarde leí un párrafo hermoso en un libro. Acabo de mirar casi una por una las quinientas y pico de páginas y no pude encontrarlo. Y yo, en navidad, estuve calculando distancias. Entre otras cosas, perdí un señalador y estuve vaga como para improvisar uno.
Te prometo que no voy a dejar de buscar.
¡Nunca!

jueves, 23 de diciembre de 2010

La caja de cepita y las pelotitas

Te despejará te despejará. Actividad física, salir de noche, birra faso, un hueso, leerte una novelita y empanar las milanesas.
A veces no tengo más ganas de correrme de mi eje.
Qué crónica.
La búsqueda.
Pero si se corta la luz entonces uno busca en serio. Fuera de casa. Adentro no se ve.
Ocho de la noche, el calor del asfalto sube y te ahorca.
Dehg. Una banda de reggae toca algo como un rap a las chicas lindas. Mamá lindos senos lindo pelo largo oh no sé qué.
Para despejarme.
Lo escucho. No puedo evitar mover un poco el culo.
Mil quinientos libros. Los reviso. No miro ninguno. No llevo ninguno porque no sé qué busco y creo que no estoy buscando nada. Cinco pesos en alguna parte de la mochila. Ni que alcanzaran.
Una caja de cepita ahora sale el doble. EL DOBLE. Me indigné pero había salido en busca de una multifrutal y en efecto me tomé una para despuntar el vicio.
La coca light me encanta me encanta pero es la peor y también quiero dejar de fumar y dejar de tomar y dejar todo. Sí, a veces me agarra el asqueo. Y cuando pasen las fiestas más.
Un turrón ni en figuritas.
Qué tal tu dieta navideña.
La mía. Eh bueno yo... para despejarme hice unos señoritos de jengibre (personalizados). Con auténticos botones de gomita.
Un señora robusta en inutilísima hizo una torta sombrero cubierta de chocolate y cuatro kilos de golosinas. Ella dijo cantidad necesaria. Sacó un arsenal de azúcar. Amén, ninfa del mazapán, es re necesario.
Yo lo miré. Paso por paso.
Se me re antoja.
Yo le tengo miedo a los antojos.
El disfrute hasta chuparte los dedos.
Baboso.
Me imagino un reggae para esa doña y la torta sombrero.
Me imagino cualquiera. Para despejarme.
Todo el tiempo estoy en eso.
Me pongo a la tarea de ocupar el tiempo para no matarlo del todo.
Será o no será lo mismo.
De cualquier modo me da una puta pena. Voy pisando en puntitas de pie para no hacer doler no sé qué cosa. Te trato como un faquir. Todas las agujas juntas y resulta que no sentís ninguna. A veces afilo y después me hago un bollo.
El arbolito de navidad tiene pelotitas de navidades pasadas. Y bueno las luces ni prenden. Cada año lo armamos más tarde.
Se pasa como balazo.
Árbol de colores porque no tolero el rojo y dorado. Salí de acá con tu papá noel y con tu pose roja y dorada.
Acá creíamos en reyes porque eran hombres de verdad.
Sin regalos.
Con espíritu y pelotas. De colores. Acá sobran pelotas, mierda, mentira, faltan.
Tanto falta y se hace corto, chiquitito el tiempo, grande mi ansiedad y mi idealismo, romántico, nostálgico, atrincherado en el cuerpo. Respiro duda. Para no sentir soledad. Para no querer sentirla... Hago y deshago, voy y vengo, camino descalza, me ensucio, me baño, escribo cualquiera, imagino cualquiera. Desayuno sin cuchara, hago crucigramas, leo el horóscopo online. Corrijo, tacho, no estoy contenta. Anoto: comprar fosforitos. Sigo corriendo y saco pasajes. Me voy de viaje, para despejarme.

viernes, 17 de diciembre de 2010

palabrerío 5:20

Alguna noche empujo la luz del día lo más que puedo. Me parece que miro mucho al cielo en verano, más que en cualquier otra época. El resto del año me acuerdo más de los dolores, del frío en las manos y quiero llegar a casa. Ahora no puedo estarme nunca en mi lugar, lisa y llanamente porque no lo encuentro o porque va por cualquier parte, depende el día. Eso es lo lindo que tiene la época, que me permite moverme. De día es lindo lo fresco que sale de las losas de casa, andar en patas y exprimir frutas. Si hace mucho calor está bueno andar por los suelos. Repto mucho, no me queda otra. Si además hay sol, de tardecita tengo jardín. Muchos olores a muchas plantas, mucho pasto, bichos, agua, broches sin ropa como pajaritos muertos. Viva la mugre. Se va haciendo de noche y lo que quiero es bañarme y salir a caminar. El pelo gotea, no termina de secarse y me moja la ropa. Odio encremarme toda después de bañarme, dicen que es bueno después del sol pero yo no me pelo ni me descascaro mucho, soy como una foca. Voy hasta la plaza, miro pasar algunos micros, pienso en todo, pienso en nada y pego la vuelta. Entonces es que llego y empiezo a dar vueltas por la casa. No quiero estar y nunca sé a dónde escaparme. Si viene una amiga, bienvenida sea. En casa no se fuma así que volvemos al pasto de jardín a hablar de alguna cosa que nos parezca interesante y ya que estamos secreta para que no escuchen en casa. Me gusta más cruzarme, irme de la cuadra, quedarme en el cordón. Si entonces de noche igual estoy aburrida y quiero evitar a toda costa esto de ir y venir encantada del libro al teclado con tanta impotencia de que no me salga una mierda de cuento hago zapping y termino de sentirme un cáctus. De fin de semanas la suerte no cambia salvo que salga a hacer algo divertido, en cuanto deja de serlo se empieza a tomar más de lo que se aguanta, se empieza a decir más de lo que se quiere, se empieza a bailar más de lo que uno bailaría --y eso es lo único feliz del asunto--, se empieza a divertirse de mentiritas y a querer una compostura a prueba de ebrios. Volver a casa y quedarme sola a mirar cómo zigzaguean las persianas quietas es lo peor del planeta. Me duermo vestida después de intentos fallidos de encontrar alguna cosa que me mantenga despierta y me haga sentir mejor. Sale el sol, no hay con qué darle. Jode la luz por las rendijas. Y a la mañana siguiente me saco los zapatos, el mediodía me dinamita las neuronas, entonces pienso que un día voy a cambiar y que voy a dejar de matarme más de lo que me vivo.

En patas, y en casa, la losa está otra vez fría.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El reloj víctima o la víctima del reloj

"Ya veo lo que tiene... tiene demasiadas ruedas...
Mantequilla, ya veo, ¡¡¡lo que necesita es mantequilla!!!
Azucar, dos cucharas, sólo dos, eso es.
Jalea, se me olvidaba la jalea.
Mostaza, mostaza sí... ¿mostaza? ¡¡No!! ni que fuera un sándwich.
Limón: eso sí. El limón lo cura todo."


lunes, 13 de diciembre de 2010

La menos pensada ...

" y la labor inmensa de la imaginación...


Yo no quiero desganos, ni falta de pasión, no quiero estar en manos de un gran simulador

(no, no)"

¡¡Bello tema de la bella Juana!!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Postales de la cualquiera

Si llueve y la lluvia es salada
prefiero pensar que no son mis ojos
si va a caerse el mundo en alguna tormenta
prefiero dudar del verano
y barrenar descalza por alguna alcantarilla
dejar que corra mugre por entre los tobillos
gotas gordas de nubes enojadas por mi mala puntería.

Si te miro y sos azul, no te creo la sonrisa
los ojos te los dejaste olvidados
en el cajón con las nostalgias
y se te puso una huella imborrable que voy a empeñarme en borrar
hasta que me digas basta
vos no sos un superhéroe aunque pienses en volar
y se te vea la bombacha por encima del jean
a vos te encanta escuchar
insistir y hacer sangrar
las heridas de toda la ciudad
y olvidarte de las tuyas, ponerte rubores de más.

Lo que vos tendrías que usar
más que tanga, es un pañal
del miedo que tenés a enfrentar sola
esas sábanas polares.

Te quedás tiritando, sola
comiéndote, inyectándote
tratando de hacer latir ese corazón de nylon
con la sangre de los auriculares.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Arrastrando los pies

Me dio terrible tristeza entrar a casa. No encontré la luna en ninguna parte del cielo. Me quedaría buscándola toda la noche.
Me duele el estómago. Me hace sentir enferma el silencio charlatán. Eso que es como una radio, la gente que habla, habla, habla, golpea los cubiertos contra el plato y no para de servir vasos ni un segundo. Me colmé de cena. No de comida sino de cena.
Abrí las ventanas cuando se hizo de noche. Es extraño el empeño que pongo en no dejar entrar al calor. Así tampoco entra luz.
Meter la cabeza abajo del agua me gusta. Flotar. Es el único momento en el que de manera física puedo escuchar mi cuerpo. Se escuchan latidos. Agua que va y viene hasta los tímpanos. Conciencia de lo interno. Cosas que no puedo calificar por orden alfabético. Entonces me dan ganas de ahogarme. Y hago burbujas.
Hago cualquier cosa con el aire. Aprovecharlo, me encantaría.
Ropa tirada en el piso. Islas, tanto desorden. Una torre de papel. Imanes de corazones y letras. Imanes robados. Pisar y romper el plástico, lapicera que escupe tinta.
Yo, escupiendo tinta.
Tengo un rompecabezas que es puro cielo. Imposible.
Era mejor quedarme afuera.



"Pegaba las canciones con curitas...
hay noches que no puedo dormir, hay noches que no puedo dormir, hay noches que no puedo dormir
sin curitas"

martes, 7 de diciembre de 2010

En amarillo


Me hice un café con mucha espuma. Mi café rabioso. Mám llenó la pileta y esta tarde llueve. Llueve toda la tarde, seguro, mientras hay algo en el techo que pierde agua. La vecina acaba de tocar timbre, viene a quejarse ¿no? . Que alguien vaya a abrirle -yo no-
Puse un tema que dice mucho lalalalalá y holiday. Más lalalá mientras cuento que no tengo qué contar. Es decir, no tengo mucho que escribir, lo cual me frustra -no me pone contenta- pero si escribo generalmente es porque necesito derramarme toda de alguna forma. Será que ya estoy derramada, o que simplemente no necesito maldecir a lo loco.
¿Contar? Ni los días. Experimento un estado magnífico en el que la ansiedad dio un paso al costado. Será diciembre. A partir de este mes de golpe las cosas van sobre una montaña rusa, no hace falta (no necesito, ni se me ocurre) apurar nada. Es más, ya quisiera que todo fuera bien lento. Como todo (conmigo, al menos) la misma lentitud me daría ganas de pedir más vértigo. Nunca nada me termina de cerrar -para bien- ¿está mal? yo me siento cómoda con mi inconformidad. Diciembre, budines y bengalitas, balances de fin de año y chinchines que lo desbalancean todo la noche del 31. Volvemos el primero, volvemos como podemos después de explotar como muñecos. Fénix. Cargados de alcohol que fermenta, demasiada fruta abrillantada, y ganas. Volvemos en forma de fichas, pero ahí vamos a estar. Enero que pasa, sube y baja, el sol quema y hacemos valijas. Quiero que pase y no quiero que pase nada porque no quiero que se pase. Viste como es esto, cuando algo me gusta lo cuido como cajita de cristal, y no es la idea. Me hace acordar a una tía abuela que vive comprándose cosas y las guarda para siempre, reservándola para ocasiones especiales. La tía no sabe que no existen las ocasiones especiales, o que es mejor hacer de todo algo especial. Por eso me gusta viajar más que llegar.
Para mí son especiales las cosas que me pasan. Jaja a la psicóloga le dije que tengo este costado maldito que me trastorna la realidad por todas las puntas haciéndome moños de todos los colores. Basta. Qué tanto. La culpa será mía o de alguna vibra rara. Hagamos de cuenta que no es mi culpa.
Hace un tiempo me compré El beso de la mujer araña, de Puig. Apenas lo arranqué lo perdí. Pasó una semana hasta que lo encontré. Hoy me compré Cae la noche tropical (de Puig, también) y ya lo perdí. Qué fantasma. Sería egocéntrico decir que creo que tiene que ver con alguna cosa cósmica. Cosmos, y yo. Nomás mi visión de él, no creo que sea otra cosa. Me divierto fácil tanto como me aburro fácil.
Suelo aburrirme de mí misma, un aburrimiento crónico, todo el tiempo tengo ganas de iniciar mis metamorfosis. Pero no quiero ser cucaracha o cascarudo, no sé bien qué quiero ser pero eso no.
Inventar, reinventar, corregir mucho.
Van varias entradas que quedan en los borradores porque no me gusta nada lo que estoy escribiendo pero ya fue. Esto soy.
A destruir algún televisor, cruzar las piernas sobre el pasto y decir ¡qué paz! Soy la tipa presión baja y el calor se me subió a caballito. Si hoy me agarra la lluvia, les prometo, no me voy a enojar.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Así es como funciona

Cuando entré a casa todavía quedaban
algunos restos violetas de sangre extraña
por los rincones de las líneas de las manos.
Los pañuelos no alcanzan, me dijo
*estás lastimada chorreando colores
derramándote en sabores, un poco de rayos y centellas*
me dijo que no me limpiara
*a veces huele a frutilla, a veces más bien vainilla
pero son esas cosas que cuando se prueban dan asco
como la manteca de cacao.*
El trato era asumir la culpa
toda junta y llorar de noche
acordándome del tiempo bueno, de él hecho pedazos sobre la almohada.
Llorar, escupir, sangrar
pegotes, venas de helado
corriendo despacio inundándolo todo
de escalofríos y caras de las amarillas
que sonríen desde la bolsa del supermercado
que él trajo llena de latas
de uñas y pelos de una nena cara.
No estoy celosa, le dije
mientras se hacía una ensalada,
comía sin asco, se chupaba esos dedos de lija
y de a poco me contaba
de unas tetas magníficas
comparándolas con las mías.
No importa, le dije
yo tengo sangre violeta
que a veces huele a vainilla
o a un elefante blanco vestido de mimo.
*Jamás huelas a limón, pidió*
y desde entonces soy toda un lemonpie.
*Si vas a irte, va a ser lo mismo
aunque te corra descalza, rondó fliflá de por medio.
No vas a encontrar nada
detrás de este corpiño.*
Pero él se quedó sentado
comparando
comparando
comparando y vomitando teamo.

*Dije que me iba.
Hasta hice un bolso.
Nunca me fui.

Lo que quiero es fuego
y que me hables de algo
porque algunas noches
no puedo dormir.*


pero qué linda letra.
hasta que me saquen las pilas. Jor