Plastilinas

"Por eso, deformar las cosas, las palabras, los rostros, me fascina y lo hago como quien sale a la calle con un revólver: *Entonces mataré a todo el mundo y me iré*"

domingo, 15 de mayo de 2011

un trato que podamos sostener


Me estoy durmiendo y me resisto.
Bajón.
Me resisto.
Sobre la tierra,
me resisto.

Pez que nada contra la corriente muere electrocutado.

Mejor, mejor, por eso llenarse de café hasta la garganta. Puro café rompe estómagos. Retención y circulación lenta en las piernas. Termina durmiéndose el cuerpo (uno es consciente y pega patadas para despertarlo pero entonces se convierte en un volcán de hormigas rojas venenosas).
Vigilia y sueño, es todo lo mismo porque se escapa entre los dedos, porque sueño así (golpeá la mesa con el puño): así de real como ese toc toc. Y así de hueco.
En el hueco del cráneo un pájaro hizo un nido y me carcome de a poco las neuronas con su piquito afilado. Bueno, el pájaro libertad quiere sobrevivir y hay que darle de comer salud mental. Es un ir y venir entre su vida bella y mi ratonería de biblioteca, mi credo, mis virtudes teologales mis manos que esconden piedras detrás de la espalda. La paja en el ojo ajeno. Cuánta paja.
Para no quedarme quietecita calladita la boca aplastada de frazadas salgo a la calle. Pero vuelvo a entrar, hace frío, afuera está oscuro y peor aún peor porque en la calle no hay muebles, no hay nada que yo pueda repetir de memoria y en la memoria me siento cómoda, en la puta pelotudez intelectual me siento como sobre un "cojín de plumas hindú" aaaaah qué comodidad pero en la calle no sé no sé no sé cómo manejarme, siempre hay pasos: delante y detrás y dentro de uno tac tac tac tac . Si son tacos dan más miedo porque las mujeres con taco me dan miedo. Sobre todo las mujeres que huelen a shampú sedal todo el tiempo y todo el tiempo inexplicablemente acaban de salir de la ducha y tienen la narizota lustrada y los ojos delineados con lápiz líquido groncho.
Me dan miedo las que huelen misteriosamente así. Para mí es como el olor a raid.
La calle está llena de mujeres siempre listas. Me imagino que te clavan el taco en la nuca y te dejan escupiendo sangre estrolada contra la vereda, qué se yo, esas cosas que pienso. Los tipos en moto también, los taxistas con peluquín rubio, los transeúntes en bandada cantando viva perón viva la extrema izquierda dale dale basurero pincha sos cagón y viva por las dudas la concha de tu mamá (carajo). Una abominación atómica.
No. Loco.
No quiero volver a subirme a un taxi que me dé una misa o me hable de moralinas y de la peste underground.
No quiero ser de esas viejas que asoman apenitas el hocico por la puerta sin sacar la cadenita de la traba. Pero te digo algo: por favor no me dejes dormir ni adormecerme tanto. Patético. Vas a tener que aprender a traspasar paredes y regalarme un despertador de mono con platillos. Voy a estar encantada de conocerte.

3 comentarios:

  1. Muy bueno, el domingo era el día que le quepaba a toda esta catarata de versos.Saludos

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  2. Escribes, escribes y escribes.
    Y yo no puedo dejar de leerte.

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  3. mierda!
    si te sigo leyendo no escribo más nada por pudor.

    (me destoco con una leve inclinación)

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